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Quetzalcóatl el camino hacia la liberación |
Las primeras luces del alba develan una pequeña hondonada en la blanca tierra del Valle del Mezquital, allá cerca de Tula, territorio de los toltecas. Perfiles violetas de magueyes y cardones; el canto estridente de una cigarra traspasa el vacío. Un hombre de barba rala y mirada azorada, su cuerpo lacerado con espinas de maguey, está de rodillas en medio del desierto blanco. Muy lejos atrás un grupo de hombres y mujeres lo vienen buscando, alabándolo como a un dios, clamando su nombre por el desierto: ¡Nuestro Señor Quetzalcóatl!
Su nombre histórico era Ce Ácatl Topiltzin; la tradición lo llamó Quetzalcóatl, como el gran dios mesoamericano. ¿Personaje histórico, hombre-dios, dios hecho hombre? Con el tiempo, el mito y la historia se han fundido irremediablemente, y es difícil distinguir uno del otro. Lo que sí se sabe es que la gesta de Quetzalcóatl hunde sus raíces en los tiempos más remotos de la civilización mesoamericana. También se sabe que, por otro lado, alrededor del siglo X d.0 reinó en Tula, en la región central de lo que hoy es México, una dinastía de varios Ce Ácatl, cuyas vidas se han fusionado en una sola en la memoria humana.
La vida ejemplar de ese Ce Ácatl mítico conocido como Quetzalcóatl es el momento climático de un gran ciclo que recorre los espacios y tiempos mesoamericanos y que aunque parece cerrarse con la Conquista española persiste, silencioso, subterráneo, hasta nuestros días.
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Quetzalcóatl |
El sol está por salir en el desierto y Ce Acatl reanuda su andar. Camina hacia el sol oriental, el lugar de lo negro y lo rojo, el sitio de la sabiduría. A lo lejos lo siguen sus discípulos. La huida de Ce Acatl es la historia de un viaje mítico, la difícil marcha del ser hacia su divinización. Por lo tanto, el desierto -lugar de penitencia -es el lugar privilegiado de Quetzalcóatl en ese momento de su vida. Dolor quemante de las espinas en la piel y la sed en la garganta, y la dificultad de caminar entre las piedras. Quetzalcóatl-Hombre se desprende de las potencias invisibles de la noche, de los brujos del belicoso
dios Tezcatlipoca, que lo engañaron para vencerlo y que reinan ahora sobre las ruinas de la Gran Tula. Fue en la antigua y majestuosa ciudad de Teotihuacan donde nació, siglos atrás, la idea de la serpiente emplumada, aquel esfuerzo inaudito del reptil por volverse pájaro. Es en las pinturas de esta gran metrópoli donde por primera vez la serpiente, en un deseo de humana verticalidad, encuentra al pájaro que aspira a alcanzar la tierra: la comunión de los opuestos.
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Serpiente Emplumada, Templo de Quetzalcóatl, Teotihuacán, México |
De igual manera, desde la época de Teotihuacan se encuentra a Quetzalcóatl íntimamente unido al planeta Venus, luz sumergida en el mar de oriente que, como él, lucha por su liberación. La vocación astral de Quetzalcóatl comienza con el mito fundador del mundo náhuatl, cuando el pequeño dios Nanauatzin -doble de Quetzalcóatl, tímido y deforme- se arroja a la hoguera de los dioses antes que lo hiciera el arrogante Tecuciztécatl, convirtiéndose en el sol y creando así nuestro mundo, la era de Quetzalcóatl. Este mito resume la doctrina quetzalcoatliana: el sacrificio de sí mismo, la muerte voluntaria como generadora de vida eterna.
Pero los dioses presentes en Teotihuacan vieron que el nuevo sol en el cielo no se movía, así que decidieron morir todos para que el sol entrara en movimiento. Si el sacrificio de los dioses hizo que se moviera el universo, el sacrificio de la sangre humana revivió el mito de la creación del universo, asegurando la continuidad de la vida. Pero Quetzalcóatl propició la penitencia y el sacrificio de la sangre propia, nunca el derramamiento de la sangre ajena.
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Templo de las Serpientes Emplumadas, Xochicalco, Morelos |
En su largo caminar, Ce Acatl llegó a un lugar que llamaban "junto del árbol". Ahí pidió a sus discípulos un espejo. Se miró y vio que era viejo. Triste por lo que observó, Ce Ácatl hirió al árbol con piedras y, apartándose de sus compañeros, se acurrucó, pensativo. Los discípulos del rey de Tula, los enanos y los bufones, monstruosos y deformes, que eran sus más fieles compañeros, permanecieron silenciosos a la distancia, lo protegieron y lo cuidaron mientras Ce Ácatl sollozaba. Solamente al recordar su infancia en Xochicalco entró en sosiego.
Al caer Teotihuacan, en el siglo VII d.C., se desarrolló al sur del Valle de México la gran civilización de Xochicalco, que perduró hasta el siglo IX. Fue ahí que se forjó la filosofía y la religión de Quetzalcóatl como unión, a través de la figura de Venus, de todas las culturas de Mesoamérica.
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Quetzalcóatl (British Museum) |
Cuenta la leyenda que en el año ce-atad o uno-caña del calendario náhuatl nació Quetzalcóatl, y que su madre fue la llamada Chimalman. Y así se refiere que ésta quedó encinta al tragar una piedra preciosa. Ya adolescente, Ce Acatl llegó a Xochicalco, donde se le educó en la religión de Quetzalcóatl y se le hizo sacerdote del nuevo dios.
En el año 5-casa los toltecas fueron a Xochicalco por Quetzalcóatl, para hacerlo su rey allá en Tula, su gran ciudad. Ahí, el nuevo rey construyó su casa de ayunos, su casa de penitencia. Según la tradición mexica, el príncipe Ce Ácatl edificó ahí palacios de oro, de turquesa y esmeralda, de plata y nácar, y sus vasallos fueron finos artesanos en todos los oficios. Se cuenta también que los hombres de Tula eran muy ricos, pues nunca faltaban el maíz ni las calabazas, que crecían enormes; se cosechaba el algodón, que nacía de muchos colores; había árboles de cacao y se criaban aves de plumas preciosas cerca de las fuentes de agua abundante. Pero Quetzalcóatl, el descubridor del maíz, el inventor de la escritura y de las artes, de la astronomía y el calendario, de la filosofía y la adivinación, vivía sin embargo en el silencio de sus palacios de sombra y de penitencia. Ahí se escondía, apartado de todos. Nunca se le veía en público ni dejaba que nadie se le acercase.
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Tezcatlipoca y Quetzalcóatl (Códice Borbónico) |
Muchas veces los hechiceros, aconsejados por su rival Tezcatlipoca, Espejo Humeante, dios de la noche, intentaron engañarlo para hacerlo que practicara sacrificios humanos. Pero él nunca cedió. Sus ofrendas fueron siempre pájaros y serpientes, los símbolos de su propia naturaleza divina. Esto enojó tanto a los hechiceros que empezaron a hacer burla de él y a buscar la manera de humillarlo a fin de que se fuera de ahí, como en verdad terminó sucediendo...
La ciudad de Tula, que floreció hacia el siglo XI de nuestra era, heredó, como Xochicalco, la cultura de la desaparecida Teotihuacan. Fue un eslabón entre dos mundos, el paso entre la época clásica y la posclásica de nuestras antiguas civilizaciones mesoamericanas. Toda la gesta de Quetzalcóatl en Tula resume esa rivalidad entre dos tradiciones, esa lucha sorda entre los adeptos de la vieja cultura basada en los antiguos valores de los agricultores, por un lado, y los seguidores de un nuevo orden, más violento e impetuoso, por el otro; la pugna entre los toltecas, los hombres cultos del altiplano que tenían profundas raíces en la tierra olmeca, y los chichimecas, bárbaros en movimiento, las tribus que desde el norte bajaron invadiendo los valles del centro de México. Quetzalcóatl, el sacerdote, el pacífico, el amante de las artes y la agricultura, contra Tezcatlipoca, el brujo, el belicoso, el señor de la noche y de la guerra. El oriente luminoso contra el oscuro norte.
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Quetzalcóatl haciendo sacrificio con su propia sangre (Códice Florentino Libro III) |
En su peregrinaje, Ce Acatl ha llegado hasta el abismo de las tierras bajas, bañadas por un mar cubierto de niebla. Se detiene ante la grandeza del paisaje, y reza a su enemigo: " ¡Oh tú, Tezcatlipoca, invisible e impalpable como la noche y el viento, hechicero sin nombre que me has derrotado, a ti me confesaré porque tú has de perdonar mis faltas. Me trajiste tu espejo humeante a mi casa de ayunas. Te dejé entrar, te esperaba. Con tu espejo me diste a conocer mi cuerpo feo y repulsivo y odié ese cuerpo. Y me ofreciste el agua embriagante, y la probé y la quise. Cinco veces bebí de la jícara y así me embriagué y mandé llamar a Quetzalpétatl, mi hermana, para que se embriagara conmigo. Y toda la noche la deseé... Hoy tuve que dejar mi ciudad, mi pueblo, mi reino. Tú venciste por engaño y yo perdí porque caí en el infierno de los sentidos. Tú has de perdonarme, ¡Oh, Tezcatlipoca, espejo humeante!"
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Xólotl-Quetzalcóatl, Cultura Mexica |
Al llegar a la costa, Ce Acatl desapareció durante cuatro días. Desapareció Quetzalcóatl en el seno de la tierra, como un regreso momentáneo a la materia original. Al igual que su hundimiento en los placeres corporales, su descenso a los infiernos fue necesario para renacer a otra vida. Pero Quetzalcóatl bajaba ahora con la apariencia de otro doble: el perro Xólotl. Xólotl: el Gemelo Precioso, el otro significado de la palabra quetzal-coati.
Xólotl-Quetzalcóatl regresó victorioso del inframundo: fue entonces que el dios se convirtió en Venus, el Señor de la Aurora... Xólotl era el que podía unir el cielo con la tierra y con el inframundo, y su caída abismal era el movimiento que unía a la materia con el espíritu: la Serpiente Emplumada.
Al atardecer del quinto día, Quetzalcóatl reapareció cerca de una pira en la playa y se prendió fuego a sí mismo. Muy alto se elevaron sus cenizas, y entonces aparecieron toda clase de aves preciosas que ascendieron con él hacia el cielo. Hacia lo alto vieron salir su corazón, que se convirtió en Venus, Tlahuizcalpantecuhtli, la estrella de la mañana.
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Serpiente emplumada con glifo Ce Acatl (uno-caña) fecha y nombre de Quetzalcóatl, Cultura Mexica |
Otros documentos refieren que Ce Acatl desapareció en el mar sobre una balsa hecha de serpientes, y que antes de partir anunció su regreso futuro en un año uno-caña. Haya sido por el fuego, haya sido sobre la balsa de serpientes, la desaparición de Ce Acatl en ese lugar demuestra su pertenencia al oriente, al elemento agua, a la costa del Golfo de México.
Lo extraño es que en el momento de su desaparición, el culto a Quetzalcóatl reapareció, con un sentido distinto, en el país maya. A Yucatán, dicen las crónicas, llegó un hombre-dios al que nombraron Kukulcán, es decir, Serpiente con Plumas en lengua maya. Los itzáes primero y luego los toltecas conquistaron entonces la vieja Chichén y la convirtieron en un doble monumental de la pequeña Tula, plasmando en cada edificio la imagen de Kukulcán o la efigie del planeta Venus. Desde entonces los edificios dedicados al dios supremo -fueran observatorios o no- serian redondos, porque el nuevo Quetzalcóatl-Venus era también Ehécatl-Quetzalcóatl, Dios del Viento.
Al final de su largo peregrinar, en Tenochtitlan, Quetzalcóatl resurgió como la contraparte necesaria del espíritu guerrero del dios Huitzilopochtli. Al llegar a la cima de su poderío, los aztecas, últimos chichimecas en emigrar hacia el sur, necesitaban borrar su pasado bárbaro. Así, quemaron todos sus anales y rescribieron su historia, convirtiéndose de pronto en descendientes directos de los prestigiosos toltecas y de su mundo refinado. El Quetzalcóatl tenochca es la síntesis de todas sus manifestaciones pasadas. Es Serpiente Emplumada y es Venus, es Xólotl y es Ehécatl, el Viento Cósmico.
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Kukulkán-Quetzalcóatl descendiendo de la Pirámide de Chichén Itza, Península de Yucatán. |
El último episodio prehispánico de Quetzalcóatl es la creencia azteca en su reaparición en la persona de Hernán Cortés, el conquistador. Aunque es posible que haya sido inventado más tarde por algunos cronistas, es significativo el hecho de que lo haya protagonizado Quetzalcóatl. Tampoco es casual la dentificación, por Fray Servando Teresa de Mier, de la figura de Quetzalcóatl con Santo Tomás, con el fin de legitimar el movimiento criollo por la Independencia.
Lo importante en este continuo fluir de las creencias religiosas es la permanencia de una fe en una figura eterna y sagrada que permite al hombre trascender su condición, entrar en contacto con el alma del universo, reencontrar su unidad perdida. No por nada a lo largo de los siglos de la Colonia siguieron surgiendo nuevos hombres-dioses, nuevos Ce Acatl. No por nada los artistas, sobre todo los escultores modernos, siguen reviviendo el tema de la serpiente emplumada, ahora con líneas contemporáneas. No por nada el emblema de la serpiente con plumas es sinónimo de Méxicó en el mundo.
Author: D. Dufetel
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